sábado, 12 de julio de 2014

EL SECRETO DEL PEÑÓN DE IFACH


Pocos conocen el misterio que oculta el símbolo de la magnífica Costa Blanca. Tras la enorme mole rocosa de casi 5 hectáreas se esconde el secreto del amor eterno.
Fue bajó el reinado de Jaime II, a finales del siglo XIII cuando el Almirante Roger de Llúria exterminó el poblado musulmán que se asentaba en las cuevas y a todos sus habitantes. A todos excepto a una. Shayla Izrail cautivó al veterano Almirante por su belleza y bondad. Cuentan las malas lenguas que Doña Margarita  Lanza, esposa de Llúria la envenenó hasta en cuatro ocasiones con ricina  y tras tres días de agonía estomacal se levantaba tan fresca y con la misma sonrisa encantadora que encandilaba al Almirante. La pobre esposa tras los fallidos intentos, murió de una úlcera y dejando al viudo libre para pasar sus últimos años bajo los brazos de Shayla. Dicen que ambos se pasaban semanas sin comida ni bebida en la cima del peñón inmóviles mirando el cielo hasta que una noche de luna llena de San Juan desaparecieron sin dejar rastro. Algunos aseguran que se refugiaron en el palacio de Favaro en Sicilia, otros que se convirtieron en roca y se fundieron con el penyal. Otros afirman que las noches de luna llena de San Juan reaparecen en la cima como fantasmas. Pero la auténtica realidad es que nunca más se supo del almirante y la joven musulmana.  En 1340 la Condesa de Terranova e hija de Roger de Llúria ordenó edificar la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en memoria de su padre. Poco duró la edificación porque 19 años más tarde una escuadra genovesa-castellana la destruyó junto al pobla de Ifach. La población desconsolada abandonó Ifach y se asentó bajo el peñón dando lugar a la actual Calp. 
Pasaron largos años hasta que a principios de siglo XX, don José Armell, administrador y hombre de confianza del magnate levantino de la época don Vicente Paris Morlá le contó la historia del almirante y la musulmana al ricachón y este decidió comprar el peñón y la ladera fascinado por la trágica o feliz historia de amor.
Don Vicent hizo su fortuna durante la Primera Guerra Mundial trayendo madera y contrabando desde el extranjero a Galicia para repartirlo por todo el territorio. 
Si algo caracterizaba al "ti Paris" fue su manifiesta tacañería y la obsesión por subir al peñón para comprobar in situ en la cima la historia donde 6 siglos antes desaparecieron y se fundieron de amor el almirante Roger de Lluría y Shayla Izrail.
Tal fue su obsesión que en 1918 ordenó construir un túnel que le permitiera acceder sin peligro a la cumbre ya que no se fiaba de las explicaciones que el joven Mateo Ivars le daba colgado de la roca con cuerdas y estacas. Todos las noches de luna llena mandaba a Mateo subir a la cima y explicarle con todo tipo de detalles lo que desde allí se veía y si notaba algo extraordinario. Pero el joven nunca vio más allá de la hermosura de la noche de luna llena y don Vicent pensó que si algo fantástico había en ese penyal, él debería ser quien lo descubriera. Así que ordenó construir el actual túnel de 40 metros que facilita el acceso a la zona sudeste. 
Más de 600 jornaleros se necesitaron para terminar el pasadizo porque cada noche de luna llena varios abandonaban y hasta renunciaban a cobrar las tres pesetas diarias de salario. Hablan de terribles gritos agónicos y apariciones nocturnas que dejaban sin habla a los rudos hombres que allí dejaron la piel. Paris tuvo que contratar jornaleros sordos para poder finalizar el túnel. 
Fue tanta la obsesión del terrateniente por subir a la cima que no las obras tenían que finalizar un 23 de junio de 1918. Esa tarde noche el "ti Paris" junto a su casero: Andrés Ortolá y su inseparable gato "Tizones" se dispusieron a atravesar el túnel y subir a la cima del peñón. Paris era un hombre corpulento y más bien torpe por lo que la escalada no fue del todo fácil. Una vez en la cima, obligó al casero a bajar a la casa París a por un manojo de vides para la noche y volver a bajar para permanecer en la casa con puertas y ventanas cerradas hasta que los primeros rayos del sol se advirtieran entre los orificios de las ventanas. Entonces era el momento en el que debería ir a buscarle con agua fresca y una botella de vino de la bodega, de las que tenía escondidas para momentos especiales en el cubo bajo llave.
Ortolá bajo el peñón antes de oscurecer. Y allí se quedo el señor Paris con Tizones, una linterna que jamás funcionó, la fiambrera que la mujer de Ortolá les preparó para pasar la noche sin hambre y los ojos bien abiertos, atento a cualquier echo extraordinario en la mágica noche de San Juan. 
Cerca de la media noche, el ti Paris, como buen valenciano, preparo la fogata con las vides de su propia viña para encenderla cuando las campanadas de la torre de la iglesia dieran las 12 y se dispuso a comer un tentempié. 
Era una noche perfecta, las vistas bajo la luz de la luna eran maravillosas. En cualquier dirección la hermosura del paisaje era indescriptible. Mateo se había quedado corto. De repente Paris  miró a lo alto, la luna estaba encima de su cabeza y parecía se acercaba al peñón volando como la cometa  de zepelín que le regaló a su nieto Vicente y que juntos intentaron hacerla volar en la playa de la Fossa días atrás. 
Respiró profundamente y al bajar la mirada observó a  su querido gato Tizones revolverse como endemoniado y juraría que hasta volar por encima de su cabeza. Rápidamente se levantó y armado de valor se encaminó con los fósforos a prender las vides para purificar el peñón pero notó unas voces profundas que le llamaban y se quedó parado como una estatua. Un gran estruendo le precipitó al suelo. Todo fue muy rápido, apenas un instante. Dos grandes estrellas fugaces bajaron del cielo para unirse en las vides de la particular hoguera de Vicent que comenzó a arder justo mientras sonaban las campañas de la torre marcando las 12.
De sus llamas se podía observar la silueta de dos personas. Sin duda eran Roger Lluría y Shayla Izrail fundidos en el fuego del amor eterno. 
Cuando el casero Andrés Ortilá subió a la cima al amanecer como le indicó el amo se quedó estupefacto con la escena. Tizones estaba lamiendo el rostro del acomodado magnate tumbado sobre la roca y la llama de la hoguera de San Juan seguía viva e incombustible con un fuego dorado que hasta el mismísimo Vulcano quedaría prendado por su hermosura.
Ortilá corrió hacia el amo, le incorporó la cabeza y le ofreció un poco de agua fresca. Estaba desnudo y ardiendo, como febril y más mudo que los jornaleros que terminaron su túnel. Se levantó pensativo mirando el fuego y sin más dio la vuelta para afrontar la bajada a la casa de la ladera sin ropa ni calzado, como embelesado.
El casero recogió la ropa del amo y sin atreverse a dirigirle la palabra le siguió. 
Apenas unos metros, el amo se dio la vuelta para ver la hoguera y allí estaba su inseparable Tizones mirándoles, como despidiéndose. Don Vicent murmuró un: "adiós amigo, desde hoy este deberá ser tu nuevo hogar, así lo han querido los dioses" 
Que se sepa nunca más volvió a subir a la penya, ni jamás volvió a hablar de lo ocurrido esa noche. A veces salía al jardín de la "Casa Paris" y miraba a lo alto con lágrimas en los ojos como sí hablará con su inseparable gato Tizones. 
Pasado los años se retiró a la residencia familiar de Gandia: un magnifico edificio modernista construido en piedra de Monovar y cuyo responsable fue el arquitecto Beltrí. Allí pasaba junto al fuego, dicen que incandescente, de la chimenea de piedra artificial rosada los días y muchas noches, pensando en lo sucedido esa noche de San Juan de 1918 en el Peñón de Ifach. 
En 1951 la familia Paris se deshizo del peñón vendiéndoselo a Don José Más Capó, de Valencia hasta que en 1987 pasara a ser propiedad de la Generalitat Valenciana que lo declaró Parc Natural.
Sí pasas por Calpe no dejes de subir a la Penya y llevarle a los gatos (descendientes de Tizones) que en la cima te encontrarás, algo de comida porque quizás ellos tengan el secreto del amor eterno que unió para siempre 8 siglos atrás al almirante Roger Llúria y la musulmana Shayla Izrail y que el acaudalado Don Vicente Paris Morlá no quiso desvelar o no supo desvelar lo sucedido una noche de luna llena de 1918 en la que del cielo bajaron dos estrellas fugaces para unirse en la hoguera de vides en la cima del Peñón de Ifach, Calpe, Alicante.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy imaginativo. Le felicito.
Andrés Ortolá

http://historiadecalp.net

Manuel Lopez Prieto dijo...

Gracias Andrés Ortolá. Su web me ayudó mucho a buscar datos para darle realismo y situación a la historia.